Queridos amigos de Wisdom: hoy queremos invitaros a descubrir el pensamiento sistémico, un apasionante universo que, una vez vislumbrado, nos atrae poderosamente de manera que queremos integrarnos más y más en él.

En este post haremos solamente una breve introducción, ya que es un tema tan amplio que no cabe tratarlo en detalle en una sola publicación. Poco a poco iremos profundizando en sucesivos posts.

Asomándonos al pensamiento sistémico

Podríamos resumir mucho diciendo que el pensamiento sistémico es una manera de mirar. Es una manera de mirar que en lugar de percibir objetos separados percibe las relaciones entre ellos. Esta simple diferencia entre ver elementos separados (árbol, pájaro) y ver cómo interaccionan entre ellos (el pájaro habitando el árbol, el árbol cobijando al pájaro) nos permite redescubrir el mundo y nuestra relación con él. Literalmente se abre ante nosotros un mundo nuevo, que siempre había estado ahí pero que no habíamos advertido.

Y no se trata de una simple visión poética, aunque efectivamente los poetas siempre supieron que ese mundo estaba ahí. El pensamiento sistémico ha sido fruto de la observación estética, pero también científica y filosófica; por eso constituye un mundo en sí mismo. 

El pensamiento sistémico ha sido conformado desde la biología, la física, la cibernética, la antropología, el arte, la psicología, las matemáticas, la sociología… De manera que resulta en una perspectiva holista, abarcadora, con implicaciones en todos los ámbitos de nuestra existencia: desde la actitud con la que nos asomamos a la ventana al despertar, hasta la última iniciativa para atajar el hambre en el mundo, o la más puntera innovación en cualquier ámbito de la industria. Si nos acercamos a él con curiosidad y nos abrimos a descubrir todo lo que nos puede enseñar, podemos encontrarnos renaciendo como personas, como sociedades y como especie.

El pensamiento sistémico es un modelo

En primer lugar, el pensamiento sistémico es un modelo epistemológico. Esto quiere decir que, como hemos apuntado ya, es una manera de mirar. Un modelo epistemológico viene a ser como unas gafas que usamos por distintos motivos: porque son las idóneas para mirar algo en concreto, porque nos hemos acostumbrado a ellas o porque son las que tenemos. Siempre llevamos puesto algún tipo de gafas, pero no nos damos cuenta (esto también es materia para otro post).

Una de las ideas fundamentales del pensamiento sistémico es la de no confundir el mapa con el territorio. Cuando adoptamos una perspectiva sistémica, como decíamos, es como mirar a través de un cristal particular. Por eso el pensamiento sistémico se presenta a sí mismo como un modelo, no como una visión objetiva de la realidad. Esto lo distingue de otras posturas científicas, que sí tienden a confundir el mapa con la realidad, tienden a olvidar que siempre miramos a través de algún cristal.

Una manera clásica de considerar esta cuestión es preguntarse: ”¿cómo es verdaderamente el mundo, como lo percibe la mosca (gato, bacteria, delfín…) o como lo percibo yo?”. No podemos afirmar ni una cosa ni otra. Parece más prudente considerar que la mosca ve el mundo tal como se lo muestra su naturaleza, y lo mismo ocurre con el ser humano. ¿Es más real una visión que la otra?

Cómo percibimos, cómo conocemos

El ser humano está condicionado por su naturaleza como ser vivo que es. Los métodos que inventa, descubre o concibe para estudiar la realidad (científicos o no) están también condicionados, puesto que no puede escapar a su condición. ¿En qué lugar deja esto a la objetividad? En el de poco más que una ilusión, una convención más bien operativa. Podemos aspirar a compartir una visión, pero no a postularla como la verdadera.

La cuestión cognitiva (cómo aprendemos, cómo vemos el mundo, cómo creemos que es) es central en el pensamiento sistémico. Seguramente a diferencia de lo que le ocurre a la mosca, el ser humano tiene la opción de elegir cómo mirar el mundo, dependiendo de la situación y sus condiciones o exigencias.

Mi visión espontánea me muestra el árbol como un tronco que se eleva del suelo, con sus ramas y hojas. Si escarbo un poco veré que de él forman parte también las raíces, de una manera tan sustancial que depende de ellas para sobrevivir. Y quizás con los instrumentos adecuados pueda observar cómo las hojas captan la luz y el oxígeno, y cómo en su interior se dan procesos constantes en una danza continua de sustancias y reacciones que mantienen al árbol con vida. Además puedo ver también toda la variedad de organismos con los que se relaciona; a los que ofrece alimento o cobijo. Puedo mirar de una manera o puedo mirar de otra. Según mi gusto, mi necesidad o mi capacidad en un momento dado.

Pensamiento Sistémico y Ciencias de la Complejidad

Para hablar de pensamiento sistémico, debemos referirnos también a las ciencias de la complejidad. Intentar separar uno de otro viene a ser como querer separar el guante de la lana con que se ha tejido: si separo la lana, desaparece el guante. Algo así sucede en este caso, pero para hacer más comprensible este intrincado ámbito del conocimiento, podemos recurrir, sólo instrumentalmente, a fijarnos en sus diferencias. En el siguiente esquema podemos ver la relación del pensamiento sistémico no sólo con las ciencias de la complejidad, sino también con el cambio sistémico y el diseño sistémico, que podemos decir que nacen de aquél:

Relación entre Pensamiento Sistémico y Complejidad

Como podemos ver en la imagen, el pensamiento sistémico propiamente dicho pertenece a un ámbito académico no técnico, mientras que las ciencias de la complejidad vendrían a ser su correlato técnico. Bajo la expresión “ciencias de la complejidad” se engloban tal variedad de disciplinas científicas y tan diferentes entre sí, que todavía hoy no parece probable que puedan recogerse bajo una teoría integradora. De hecho, si algo caracteriza a este campo de estudio, es su multidisciplinariedad. Lo que sí tienen en común todas estas disciplinas es que estudian fenómenos con gran cantidad de variables y relaciones no-lineales entre ellas. Tanto es así, que no han podido estudiarse hasta haber visto la luz las matemáticas de la complejidad, muy unidas al desarrollo de la computación. En cuanto al cambio y el diseño sistémicos, que aparecen también en el diagrama, hablaremos de ellos en otras publicaciones.

Sistémica

En los siguientes párrafos entenderemos mejor la relación entre el pensamiento sistémico y las ciencias de la complejidad, pero empecemos por el principio. Hemos dicho que el pensamiento sistémico nos invita a usar conscientemente un tipo de lentes determinado, unas lentes que nos permiten ver sistemas. Pero, ¿qué es un sistema? 

Un sistema es un conjunto de elementos que forman un todo. Estos elementos no se observan de manera separada, sino que se observan en su interacción. Las interacciones entre los componentes hacen que el sistema tenga unas propiedades, funciones, organización y estructura: el todo es más que la suma de sus partes. Son ejemplos de sistemas simples la palanca, el juego de billar o una instalación de calefacción. En todos estos casos son necesarias ciertas interacciones entre los elementos que forman el sistema para que este funcione. Es decir, para que el conjunto se comporte de cierta manera, imposible si acumuláramos simplemente los elementos unos junto a otros sin interacción entre ellos. No se puede definir un sistema por los elementos que lo forman, es necesario incluir también las relaciones que se establecen entre ellos. 

Complejidad

Ahora bien, de entre todos los sistemas observables, hay un grupo a los que se les denomina sistemas complejos. Y aquí entramos ya en terreno de las ciencias de la complejidad. Como decíamos, debido a su multidisciplinariedad, este campo de investigación es sumamente rico y variado. Hay diferentes definiciones y medidas de complejidad. Seth Lloyd, en su artículo Measures of complexity (2001), aporta hasta 42 maneras diferentes de medir la complejidad, y eso que la lista no es exhaustiva.

Pero los sistemas complejos también tienen un rasgo en común que permite distinguirlos de otros tipos de sistemas. Carlos Gesherson es investigador del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas y del Centro de Ciencias de la Complejidad de la Universidad Nacional Autónoma de México. Él nos ayuda a entender a qué nos referimos con “sistema complejo”:

Complejidad viene del latín plexus, que quiere decir entretejido. En otras palabras, algo complejo es difícil de separar. ¿Por qué? Hay una codependencia entre los componentes de un sistema complejo. El futuro de cada componente, y por lo tanto del sistema, depende en parte de las interacciones que se dan entre los componentes […] Por lo tanto, no podemos estudiar de manera aislada a los componentes  y esperar comprender el sistema […] Necesitamos considerar a las interacciones, ya que estas generan información relevante. Esta información nueva limita la previsibilidad de los sistemas […]

¿Cómo hablar de complejidad? Carlos Gershenson, 2013

Llengua, societat i comunicació, núm 11

Es decir, un sistema complejo es aquel en el que las interacciones entre sus elementos generan información nueva, que afecta al futuro de esos elementos y del sistema. Ello dificulta la predicción del comportamiento del sistema. Por ejemplo, en un sistema simple, como la instalación de calefacción que  mencionábamos, las interacciones posibles entre los elementos están determinadas, lo cual permite predecir cómo se va a comportar el sistema. No es un sistema complejo. Tomemos ahora el ejemplo de un autómata celular, en el que unas pocas instrucciones simples pueden dar lugar a comportamientos impredecibles. Se trata de un sistema complejo.

Sistemas complejos adaptativos (CAS)

Ahora, dentro de los sistemas complejos, existe un grupo muy especial: el de los sistemas complejos adaptativos. Y llegamos al motivo por el que en Wisdom nos interesamos por la complejidad: todo lo vivo tiene las características de los sistemas complejos adaptativos. Pensemos en una colonia de hormigas. Se han visto imágenes de hormigas uniendo sus cuerpos para construir un puente y así poder llegar hasta el alimento,  inaccesible. He aquí un comportamiento adaptativo: en función de las circunstancias, un sistema complejo adaptativo puede variar su comportamiento y organización para mantener o incrementar su eficiencia.

Todos los sistemas vivos (organismos, partes de organismos, comunidades de organismos) son sistemas complejos adaptativos: en función de la información que reciben de su entorno, y de su propio medio interno, son capaces de adaptar su comportamiento, lo que les permite aprender y evolucionar. Y como parte de la naturaleza que somos, los seres humanos formamos también parte de sistemas complejos adaptativos. Así es en nuestras relaciones y creaciones en sus diferentes ámbitos: social, empresarial, político, económico, etc.

Con todo lo visto hasta ahora podemos darnos cuenta de una llamativa característica del pensamiento sistémico. Y es que nos invita a ir más allá del materialismo, a percibir y observar en nuestra existencia aquello que no es material. Las relaciones entre los elementos no se ven, no se tocan, pero están. Y no solamente están, sino que definen y determinan al conjunto.

Pensamiento sistémico en nuestra vida cotidiana

Por cada célula de nuestro cuerpo, hay entre tres y diez microorganismos que viven dentro y sobre nosotros. Al conjunto de estos organismos se le llama microbioma. Nuestra salud depende en gran medida de él. ¿En qué medida podemos considerar que somos seres puramente humanos si vivimos en una interacción tan estrecha con estos microorganismos, si en nuestro cuerpo hay más de estos seres que células “humanas” y de su salud depende la nuestra? ¿Dónde podríamos trazar la línea que nos separa?

Pensemos ahora en nuestra mente. Funciones como el cálculo o la memoria. Gracias a la tecnología, las matemáticas han avanzado en las últimas décadas de un modo que nos permiten pensar y operar de manera totalmente distinta. Por otra parte, si uso un cuaderno o cualquier aplicación para organizar mi trabajo, tareas, vida social, etc. ¿No está parte de mi mente en él? ¿Podemos sostener con rigor y certeza que la mente es una cosa separada de su entorno?

Si me fijo en mi manera de pensar, ver el mundo, actuar… ¿No es prácticamente en su totalidad fruto de mi interacción con mi familia y mi cultura? Incluso cuando las niego o las enfrento, esa reacción está unida a mi interacción con ellas, al mismo tiempo que influye en esa misma interacción.

Y en un contexto más amplio, las dificultades globales a las que se enfrenta la humanidad, ¿son fruto de departamentos estancos (economía, medio ambiente, política, industria, sociedad) o más bien serán producto de diversas e intrincadas relaciones entre estos distintos agentes?

Reflexión final

Desde el pensamiento sistémico, como hemos dicho, se pone el énfasis en su carácter de modelo. Y se considera que la cuestión no es si algo es un sistema o no lo es (por ejemplo puede haber interacciones que son relevantes en un nivel pero no en otro; o dependiendo de la escala a la que se observa, un mismo fenómeno puede verse como sistema o como elemento). La cuestión es si mirar a un fenómeno como sistema resulta útil, si aporta algo de valor.  

  

Desde Wisdom, nuestra tarea es acompañar la transición a la sustentabilidad de los sistemas sociotécnicos. Sabemos que mirar al mundo como una red de relaciones resulta inestimablemente útil para abordar los desafíos que nuestro mundo nos presenta. Así se manifiesta también desde distintos ámbitos de las ciencias técnicas y sociales: los retos actuales demandan una perspectiva sistémica para ser comprendidos y afrontados.

También nosotras lo vemos de la misma manera, aunque en nuestro caso, más que de una cuestión meramente técnica se trata también de una cuestión vital: nos sentimos irremediablemente unidas a la naturaleza, en dependencia con ella. Nuestro sentir nos lleva a percibir los vínculos como algo de gran valor en sí mismo, establecidos por la vida, y por ese mismo hecho dignos de nuestro mayor respeto, atención y reverencia. Así es, en unión con la naturaleza y con algo que nos atraviesa y que nombramos con cautela: tal vez espíritu, tal vez misterio, que nos fecunda con la certeza de que en los vínculos se encuentra una respuesta fundamental.

Nota: Agradezco a Carlos Gershenson los ejemplos del microbioma y la mente extendida.

Para saber más sobre Pensamiento Sistémico y Complejidad:

MOOC pensamiento sistémico (UNAM)

Introducción a la Complejidad (Instituto Santa Fe)

¿Qué es el pensamiento sistémico?

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